Mente y cuerpo, la relación imprescindible

La relación sana entre mente y cuerpo es un pilar fundamental de la salud integral y el bienestar. Averigua cómo construirla de forma natural e intuitiva.

El bienestar no se limita a la ausencia de enfermedad. Es un equilibrio dinámico entre lo físico, lo emocional y lo mental. De hecho, la definición aceptada de la salud es tener bienestar físico, bienestar mental, bienestar social y calidad de vida. No es un asunto baladí.

¿Cómo conseguir tener salud plena?

Hoy tenemos conocimientos y experiencia en materias como la psicología, la biología, la física o la neurociencia y sabemos cómo crear las bases adecuadas para conseguir nuestro máximo bienestar, independientemente de nuestras circunstancias, sean físicas, mentales o emocionales. Es cuestión de unir piezas para ver la gran imagen de nuestro ser: Un complejo sistema en el que todos los elementos (cuerpo, mente y energía) se relacionan, colaboran y son interdependientes. Todos se retroalimentan permanentemente.

En la relación de mente/cuerpo, el 100% de las funciones vitales básicas (respiración automática, latido, digestión, metabolismo, secreción hormonal, reparación celular) son inconscientes, aunque algunas como la respiración se pueden modular conscientemente por periodos.

Actividad de la mente consciente sobre el cuerpo

Control voluntario: puede dirigir movimientos musculares (caminar, escribir, hablar).

Decisión intencional: puede elegir cuándo respirar profundamente, cambiar de postura o relajarse.

Atención dirigida: puede enfocarse en una sensación corporal específica (dolor, hambre, latido del corazón) y actuar sobre ella.

Modulación del cuerpo: con entrenamiento, con biofeedback o meditación, puede influir en funciones que normalmente son automáticas, como la frecuencia cardíaca o la tensión muscular.

Actividad de la mente inconsciente sobre el cuerpo

Procesos automáticos: regula la mayoría de las funciones vitales sin que intervengas (latido, digestión, presión arterial, temperatura).

Respuestas emocionales: activas reacciones fisiológicas ante estímulos. Por ej. El estrés → aumenta el cortisol; El miedo → acelera el corazón.

Hábitos y patrones: guarda rutinas corporales aprendidas (andar en bicicleta, escribir en teclado, gestos habituales).

Expresión psicosomática: expresa los conflictos o emociones reprimidas en dolores, tensión o enfermedades.

Procesamiento rápido: detecta señales del entorno y prepara el cuerpo antes de que te des cuenta (ej. te sobresaltas antes de pensar qué fue ese ruido).

El problema es que la mente consciente y la mente inconsciente no solo funcionan de manera distinta, también se comunican con lenguajes diferentes: El consciente habla con palabras; el inconsciente responde con emociones, imágenes y sensaciones.

Por eso, técnicas como la hipnosis ericksoniana, la visualización, el arte-terapia o la meditación son tan efectivas puesto que hablan directamente en el lenguaje del inconsciente.

El cuerpo

El cuerpo, nuestro vehículo para poder experimentar, aprender y evolucionar, está sometido al inconsciente. Por ello, nos resulta imposible sanar desde la voluntad o el deseo expresado por nuestra mente consciente. Para responder, el cuerpo requiere procesos que impliquen la colaboración del inconsciente.

Es necesario saber que el cuerpo tiene grandes cualidades que nos ayudan a conectar con la verdad y, especialmente, con “nuestra verdad” y reclaman atención sobre lo que nuestro inconsciente necesita:

1) El cuerpo nunca miente. Nunca.

Lo conocemos como “lenguaje no verbal”. Nuestro inconsciente habla directamente a través de nuestro cuerpo de diversas maneras:

Nerviosismo oculto. Apretar las manos, morderse los labios o mover rítmicamente el pie revela ansiedad aunque las palabras digan lo contrario.

Micro gestos por conflicto. Mientras afirmamos algo incierto, nuestra cabeza lo niega levemente o nos rascamos la cara. El gesto contradice las palabras.

Atracción no verbal. Podemos negar que nos atrae una persona, pero nuestras pupilas se dilatan, nuestro cuerpo se inclina hacia ella o nuestro pie la señala. El cuerpo muestra el interés a pesar de las palabras.

Rechazo disimulado. Igualmente, el cuerpo indica desacuerdo o incomodidad manteniendo los brazos cruzados, girando el torso hacia otro lado o frunciendo el ceño.

Estrés o carga emocional. Asegurar que “todo está bien” y tener contracturas en los hombros, respirar de forma superficial o presentar problemas digestivos indica la tensión que la mente intenta negar.

Escucha a tu cuerpo no solo cuando grita. Él te da las respuestas a lo que piensas y decides. Presta atención a la calidad de tus sensaciones. Por ejemplo, Si ha decidido comprar una casa, ¿cómo te hace sentir el imaginar vivir en ella? Si surge una sensación poco agradable, indica un conflicto y ofrece una respuesta negativa. Ese es el tipo de respuesta al que solemos prestar atención. Pero observa si la sensación es agradable. Si es así, ni lo dudes, compra.

2) El cuerpo siempre está en el presente.

Prestar atención a las sensaciones del cuerpo es una forma eficaz y benigna de salir de los pensamientos que nos llevan a sufrir o a enfermar, y a escapar de nuestras creencias limitantes.

Cualquier tipo de meditación o atención plena en el cuerpo ofrece beneficios físicos pero también nos conecta con nuestro sexto sentido al que no solemos prestar atención. Me refiero a la intuición. Una buena relación con nuestro cuerpo nos lleva a conectar naturalmente con nuestra voz que siempre dice la verdad mediante las sensaciones que nos llegan desde nuestro cuerpo (que nunca miente. Nunca).

No es necesario que invoque los conocidos beneficios de “parar la mente” y del “estar en el presente”. Sabemos que es algo básico para poder escapar del estrés, la ansiedad y la angustia del incesante vaivén de una mente alocada que nos lleva del pasado al futuro y del futuro al pasado.

No sabemos estar en el presente. Pero es algo que necesitamos y podemos aprender para salir del sufrimiento. El cuerpo, por su cualidad en el presente, nos ayuda siempre que le demos la oportunidad.

Lo primero es escucharlo. Solemos atender solo sus mensajes de incomodidad o de dolor, pero nos olvidamos de atender sus sensaciones placenteras. Para escuchar nuestra intuición, necesitamos prestar atención a la sensación asociada al pensamiento: ¿Es desagradable?, es un NO. ¿Es placentera?, es un SI. Así de simple.

Por otro lado, un dolor o una enfermedad, siempre es un mensaje del inconsciente. Incluso cuando “pillamos” algo que viene de fuera, como un virus, el cuerpo nos está hablando de una bajada de defensas que ha permitido la entrada y proliferación de un invasor.

Cuando el alma grita, el cuerpo llora

Cuando nuestro cuerpo grita, lo bueno es tomar consciencia de todo lo que hace por nosotros, sin que tengamos que hacer o pensar nada, y sentir agradecimiento. Nuestras células escuchan lo que pensamos. Igual que nuestra mente, nuestras células también son energía, frecuencia y vibración. ¿Qué mensaje crees que reciben cuando sentimos miedo, pena o frustración?

Es preciso sintonizar con la energía, frecuencia y vibración adecuada, es decir conectar con emociones de sanación: Amor, alegría y agradecimiento que podemos fomentar desde la imaginación, con imágenes como una amplia sonrisa, por ejemplo. Esta técnica es la que uso: Conecto con el agradecimiento e imagino mis células sonrientes.

¿Qué beneficios trae?

En los últimos años, la psicología moderna ha puesto un fuerte énfasis en la importancia de cuidar la conexión entre mente y cuerpo. La salud ya no se concibe como algo que depende solo de lo físico o solo de lo emocional: Ambos están íntimamente relacionados, y cuando se cuidan en conjunto, la calidad de vida mejora de manera sorprendente.

Hemos aprendido que cultivar la amorosa conexión entre mente y cuerpo no es un lujo, sino una estrategia esencial para vivir bien.

Cuando estableces esta relación de cuidado mutuo, los efectos se notan en todos los aspectos de tu vida:

  • Previenes las enfermedades relacionadas con la tensión crónica (hipertensión, problemas digestivos, dolores musculares).
  • Fortaleces el sistema inmunológico y previenes las enfermedades autoinmunes.
  • Regulas mejor tus emociones.
  • Disfrutas de relaciones más saludables con los demás, especialmente con tus seres queridos.
  • Se incrementan tu bienestar subjetivo, tu autoestima y tu sentido de propósito de vida.
  • Te vuelves más resistente al estrés y manejas mejor la ansiedad.
  • Sientes más energía, capacidad de concentración y claridad mental.
  • Duermes y digieres mejor.
  • Aumenta tu sensación de bienestar y satisfacción personal.

¿Cómo cultivar la buena relación entre mente y cuerpo?

• Atención plena (mindfulness):

Practicar la conciencia del momento presente y todo lo que lo constituye (que percibimos mediante los sentidos) ayuda a reducir el estrés, regular las emociones y favorecer la conexión con todas las sensaciones corporales. Esta consciencia se adquiere fácilmente cuando prestas atención a las sensaciones de tu cuerpo.

Puedes entrenarte con este sencillo ejercicio meditativo:

  1. Presta atención solamente a lo que oyes. Busca diferentes sonidos fuera de tu cuerpo y dentro del él. Solo identifícalos.
  2. Repite con la vista. Busca diferentes objetos. Solo identifícalos.
  3. Repite con las sensaciones de tu cuerpo. Solo identifícalas.

• Actividad física consciente: El ejercicio físico no solo fortalece músculos y órganos, también libera endorfinas y serotonina, ambas sustancias relacionadas con el estado de ánimo y la motivación.

Cualquier ejercicio físico es necesario y beneficioso pero si lo que pretendes es construir la relación tu cuerpo y no solo moverlo, debes enfocar tu atención en tus sensaciones y colaborar con ellas. Por ejemplo, acompañando con calma mediante la respiración, ese dolor que te produce un estiramiento.

• Autocuidado emocional: Reconocer y expresar tus emociones de forma adecuada evita que tu cuerpo somatice en forma de dolores, tensiones o enfermedades psicosomáticas. La ayuda psicológica puede ser oportuna.

• Alimentación equilibrada: Según la psicología nutricional, los hábitos alimenticios influyen en la función cerebral, la regulación del ánimo y la capacidad de concentración. Los desórdenes alimenticios producen desórdenes emocionales y mentales. A su vez, la psicología acepta ampliamente que los desórdenes mentales y emocionales producen desórdenes en el cuerpo y en la forma de alimentarnos. Ambos se retroalimentan de las buenas o malas decisiones que tomes a la hora de alimentarte. Cuando no puedas mantener hábitos alimentarios adecuados, busca ayuda para tu parte emocional.

• Sueño reparador: Dormir bien permite que tu cerebro procese experiencias y que tu cuerpo recupere energía, manteniendo la homeostasis general.

• Prácticas de relajación: Técnicas como la respiración profunda, el mindfulness, la meditación, el reiki o el yoga fortalecen la autorregulación y favorecen el vínculo entre tu cuerpo y tu mente.

• Autoobservación y autocompasión: Escúchate con amabilidad. Aprender a reconocer tus emociones, aceptar tus límites y hablarte con compasión es clave para que tu mente y tu cuerpo trabajen en equipo y fortalezcan tu resiliencia y tu equilibrio psicológico.

• Haz pausas para relajarte. Respirar profundamente, estirarte o tomarte un momento de silencio durante el día te ayuda a mantener el equilibrio interno.

CONCLUSIÓN

Que esta relación fundamental funcione cada día con mayor equilibrio y armonía, requiere amor, atención y cuidados. Te he ofrecido muchos elementos para que lo consigas pero te animo a ampliar tu conocimiento con mi libro Despierta tu poder sanador, está en ti. Ed. Obelisco.

En definitiva: cuando cuidas tu mente, tu cuerpo lo agradece; y cuando cuidas tu cuerpo, tu mente florece. Son el mejor equipo que puedas soñar si sabes dirigirlo amorosa y sabiamente.

Con afecto,
Sophie Hardy

4 comentarios en “Mente y cuerpo, la relación imprescindible”

  1. MARIA VICTORIA CRESPO

    SINCERAMENTE PIENSO QUÉ NUNCA HE TENIDO ENCUENTA MIS PENSAMIENTOS Y MENOS MI ALMA. NO LE HE DADO LA IMPORTANCIA QUÉ TIENEN PARA EL CORRECTO FUNCIONAMIENTO DE NUESTRA EXISTENCIA. AHORA ME DOY CUENTA LO IMPORTANTE QUE ES ESCUHAR A LAS REACCIONES DE NUESTRO CUERPO COMO LOS PENSAMIENTOS DE NUESTRA MENTE. QUE VERDADERAMETE CON TRABAJO CONTINUO SE PUEDE LLEGAR A CONTROLAR, NO ES NADA FÁCIL PERO TAMPOCO CREO QUE SEA IMPOSIBLE. ME HA GUSTADO MUCHO TU ARTICULO SOPHIE Y AGRADEZCO MUCHO TÚ DEDICACIÓN A TODOS NOSOTROS . MUCHISIMAS GRACIAS. VICKY.

    1. Sophie Hardy

      Hola Vicky. Gracias por tu comentario.
      Somos un sistema conformado por consciencia, energía, mente y cuerpo que se relacionan e interactúan permanentemente. La palabra clave es “relación” que implica un intercambio.
      Cuando aprendes a relacionarte sanamente con tu ser, cuidando las relaciones que mantienen entre si, empezando por la relación mente/cuerpo, es cuando alcanzas la salud plena.
      Me alegra esta nueva toma de conciencia que te va a llevar a cambios importantes para tu calidad de vida.
      Un abrazo

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