Aprovecha el potencial de tu mente

La mente es portentosa pero muy sugestionable lo que la hace manipulable. Aprender a aprovechar estas circunstancias es posible. Te cuento aquí cómo puedes crear una realidad mucho más feliz.

CUESTIONAR “LA REALIDAD”

Lo que llamamos realidad es realmente nuestra percepción de lo que ocurre y el significado coherente que procuramos darle. Construimos la realidad en nuestra mente. Para poder llevar esto a cabo, la mente decodifica una ingente y permanente cantidad de información que va a procesar para ofrecer respuestas.

La mente siempre necesita respuestas, a lo que pasó y a lo que ocurre en el presente y también en el futuro. Movida por el miedo a lo desconocido, por una necesidad fundamental de supervivencia, nuestra mente recurre a filtros, sesgos, distorsiones y olvidos que le permiten ser más eficiente y rápida.

Esos trucos de la mente son mecanismos que persiguen su eficacia pero que, en determinadas situaciones, dejan de servirnos adecuadamente porque ignoramos que existen o no tenemos conciencia de cuando están operando. Esto hace que la mente sea altamente sugestionable y, por tanto, manipulable.

Afortunadamente, ahora conocemos los trucos de la mente y sabemos cómo afectan nuestras emociones, nuestra actitud, nuestras relaciones y nuestras decisiones. Esta toma de conciencia nos devuelve gran parte de nuestro poder personal.

También hemos descubierto que la mente es altamente sugestionable y esto nos ha llevado saber convertir una aparente debilidad en una habilidad muy eficaz para la auto sugestión y la auto manipulación en nuestro favor.

CAMBIAR LAS CREENCIAS

Sí, sabemos suficientemente bien cómo funciona el cerebro gracias a la neurociencia y cómo opera la mente gracias a la psiquiatría y la psicología. Hemos aprendido especialmente que la mente piensa según su propia percepción a la que da un significado objetivo cuando es subjetivo. Esto, contribuye a mantenernos en el conflicto y el sufrimiento.

Pongo un ejemplo: Me cruzo con un conocido que no me saluda. Puedo aceptar que no sé por qué no me ha saludado y simplemente mantenerme en la curiosidad por el motivo. Sin embargo, lo más probable es que le dé una explicación a este hecho basándome en mi creencia personal y llegue a concluir que “No me ha saludado porque no le caigo bien”.

Así, la próxima vez que nos encontremos, motivada por mi interpretación de que no le caigo bien, estaré a la defensiva o incómoda. Mi conocido percibirá inconscientemente mi actitud y eso condicionará negativamente nuestra relación porqué el también hará su propia interpretación, probablemente negativa, en respuesta a la mía. Y todo habrá ocurrido porque mi mente, en lugar limitarse a constatar el hecho (no me ha saludado y no sé por qué), ha querido darle un significado. Como no tiene información, recurre a sus creencias.

Así, la mente crea su propia realidad y cree que esa es LA REALIDAD. Esto hace que no reconozcamos nuestra percepción como una mera opinión, sino que la aceptemos como si fuera un hecho constatado. Le damos valor de verdad absoluta. CREER ES CREAR.

Las creencias están condicionadas por varios factores inconscientes heredados de la familia, el entorno y la cultura. Tienen una fuerte carga de lealtad incondicional a nuestros sistemas de influencia, la familia en primer lugar. También tienen el poder de auto reforzarse en nuestra confrontación con la experiencia porque nos llevan a ver solamente lo que las confirma. Así, nuestras creencias moldean las situaciones que vivimos y afectan a las relaciones que mantenemos.

Las creencias dirigen nuestra realidad y determinan su calidad. “Si dejo de fumar engordo” (por lo que me niego la oportunidad de dejar el tabaco) o “La gente que viaja a tal país vuelve enferma por la comida” (con lo que me pierdo el viaje) y afectan a nuestras relaciones “No me ha saludado porque no le caigo bien” (por lo que estaré a la defensiva con esa persona).

En cualquier ámbito, nuestras creencias hacen que nuestras decisiones, actitudes y actuaciones nos lleven a resultados en términos de positivo o negativo, de éxito o fracaso, de salud o enfermedad. Su poder se nutre de las lealtades inconscientes que profesamos a ciertos valores recibidos. Pero su capacidad para mantenerse en el tiempo, a pesar de las consecuencias, obedece a nuestra incapacidad para discriminar entre un HECHO y una CREENCIA.

Un hecho es todo evento comprobable y neutro,

• “No tengo trabajo”, es un hecho – “No puedo conseguir trabajo”, es una creencia.
• “No me ha devuelto mi llamada”, es un hecho – “No me ha devuelto mi llamada porque no le intereso”, es una creencia.

Comprendemos que la creencia es una interpretación subjetiva que afirmamos como si fuera una verdad objetiva y que esto condiciona nuestra interpretación de la realidad y por tanto nuestra calidad de vida.

Por eso, es fundamental procurar darnos cuenta si estamos manifestando una creencia o constatando un hecho, y especialmente cuando estamos en una situación importante. El saber mantenernos en la constatación neutral de lo que ocurre en lugar de darle una interpretación cargada con las emociones de nuestra creencia tiene siempre un impacto positivo porque nos abre a la posibilidad de otras realidades.

DECIDO CÓMO PIENSO

Nuestra realidad es una interpretación y, por ello, la calidad de nuestra realidad responde directamente a la calidad de nuestros pensamientos.

Los pensamientos son información que la mente procesa y archiva incesantemente. Parar voluntariamente laos pensamientos es difícil, cuando no imposible, para la gran mayoría.

Sin embargo, cambiar el rumbo de los pensamientos para que sean amables y favorecedores sí es sencillo. Basta con afirmar o recrear otros pensamientos. Por ejemplo, con recuerdos o ensoñaciones felices. Llegan pensamientos desagradables, tomo consciencia de que no deseo permanecer en ellos, y decido pensar en otra cosa que me haga sentir bien.

Al principio, los pensamientos negativos suelen ser muy intrusivos y nos obligan a practicar con asiduidad el cambio de pensamiento. Esta “insistencia” del pensamiento negativo es un proceso normal y te explico por qué:

El pensamiento (información) viaja por rutas neuronales que se refuerzan con cada repetición. Cuanto más se piensa en algo más amplia es la ruta por la que el pensamiento viaja. A fuerza de repeticiones, lo que era una senda neuronal se transforma en una autopista por la que los pensamientos viajan automáticamente porque el pensamiento siempre busca la ruta más rápida.

Cuando nuestros pensamientos son amables y sentimos emociones agradables, estamos en un estado mental armonioso, pero cuando nuestros pensamientos son sombríos y recurrentes, se retroalimentan en bucle y nos mantienen en una realidad de sufrimiento.

Mantener, consciente o inconscientemente, pensamientos que afectan negativamente nuestra calidad de vida, es construir y reforzar una propensión a vivir inmersos en el sufrimiento. El problema es que no nos han enseñado a saber salir de esta dinámica.

Con la meditación, la sabiduría oriental nos ofrece sin duda una herramienta infalible para traer paz y harmonía a nuestra mente y nuestro ser. Con la meditación podemos parar nuestra mente incesante.

Esto, trae muchos beneficios a muchos niveles y nos ayuda a conectar con otras dimensiones de nuestro ser.

Sin embargo, en la civilización occidental desde la que escribo, esta técnica nos suele resultar aún difícil cuando no completamente ajena. Nuestra cultura y educación no han incorporado la práctica de la meditación y esto, debido a los procesos de poda sináptica del cerebro (que se deshace de las conexiones neuronales que no utiliza), nos ha llevado a desaprender el saber mantener la mente largo tiempo en el presente, lo que dificulta su uso terapéutico.

Afortunadamente, su práctica se está implantando indirectamente de forma exponencial, tanto en niños como en adultos, mediante actividades como el yoga, el Tai Chi, el Mindfulness o el Reiki, por ejemplo. Todas ellas infunden el hábito saludable de saber actuar en el presente.

Por otro lado, gracias a la psiquiatría, la neurociencia y la psicología, vemos que el cerebro opera como un ordenador biológico y la mente actúa como el software. Así, descubrimos que es bueno y necesario saber parar la mente manteniéndola en el presente, igual que apagamos el ordenador, pero saber “reprogramar” los pensamientos resulta mucho más fácil, rápido y eficaz para manejarse en el día a día.

Podemos decidir otros tipos de pensamientos asociados a otras emociones que creen rutas y conexiones neuronales hacia lo amable y lleguen a convertirse en automatismos mentales que nos favorecen.

Podemos fácilmente traer a nuestra memoria buenos recuerdos, podemos imaginar libremente felices situaciones porque están a un solo pensamiento de distancia, o podemos recrearnos a través de los sentidos en lo que ocurre en el presente. Solo con conectar con dichos pensamientos y sensaciones, ya habremos salido del bucle de los pensamientos negativos.

Se trata entonces de aplicar este recurso frecuentemente: Siempre que me encuentro en un lugar mental que no me gusta, me doy cuenta de ello y decido salir de él enfocando mis pensamientos en otro lugar mental del pasado, del presente o del futuro, que sí me hace sentir bien.

Solo nos queda tomar la decisión de hacerlo siempre que sea necesario. La felicidad es ante todo una decisión.
Con afecto,
Sophie

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