La mente es altamente sugestionable

La mente es altamente sugestionable

Nuestra educación no nos enseña cómo funciona nuestra mente, ni tampoco cómo saber manejarla. Esto nos hace fácilmente manipulables porque la mente es altamente sugestionable.

No hay una realidad objetiva. Construimos la realidad con nuestra percepción de lo que ocurre y el significado coherente que procuramos darle.
Para poder llevar esto a cabo, nuestra mente actúa como decodificador de la ingente y permanente cantidad de información que debe procesar para ofrecernos respuestas.

Porque la mente siempre necesita respuestas: Para lo que ocurrió en el pasado, para lo que ocurre en el presente, y también para lo que ocurrirá en el futuro. Movida por su miedo a lo desconocido, que obedece a una necesidad básica de supervivencia, nuestra mente procura imperativamente dar sentido a sus experiencias.

Para hacerlo, recurre a filtros, sesgos, distorsiones y olvidos . Estos mecanismos persiguen su eficacia, pero también nos someten porque ignoramos que están y cómo funcionan. Porque, además, la mente es altamente sugestionable. La sugestión nos inclina a aceptar sensaciones o ideas y nos induce a actuar de cierta forma y, para bien o para mal, tiene un enorme poder sobre nuestra percepción de la realidad y sobre nuestra conducta.

Por ello, nuestra mente es fácilmente manipulable por parte de quiénes sí saben cómo opera y utilizan varias formas de sugestión para sus fines, sean comerciales o electorales, por ejemplo. Esta capacidad de la mente también lleva a la auto sugestión y al auto engaño.

Se puede sugestionar la mente de varias formas:

Mediante sugerencias directas con expresiones como “debes”, “necesitas” o “tienes que”, utilizando un lenguaje claro y directo, para inducir nuestras ideas, conductas y/o emociones. Pueden darse de manera autoritaria “levántate” o más persuasiva “levántate para desayunar”.

La hipnosis clásica suele utilizar sugerencias directas como “Dejarás de comer cuando estés saciada” para ayudar a una persona a perder peso. Pero la sugerencia también está de forma negativa cuando un médico afirma “Te quedan … semanas de vida”.

En forma de sugerencias indirectas. Esta es una forma de persuasión más sutil, no es explícita y sus efectos no son inmediatos. No parece decir directamente qué hacer o qué pensar, pero aun así está transmitiendo un mensaje similar. Es una técnica que permite influir en el comportamiento de una persona de forma que integre sin saberlo una idea ajena como si fuera propia. Este es un recurso muy utilizado por las religiones, en política, marketing y publicidad, y también en las psicoterapias. La sugestión sirve para someter, pero también para sanar.

Para ello, existen distintas técnicas:

La elección ilusoria: Esta técnica consiste en dar a elegir entre dos opciones, cuando en realidad solo se ofrece una opción. Consigue que creamos tener más control sobre nuestras vidas del que realmente tenemos. Por ejemplo, “¿Prefieres pagar 100 euros ahora o 50 euros ahora y 50 euros dentro de una semana?”. Este efecto ha demostrado su eficacia con los niños, por ejemplo, cuando les proponemos acabar su plato ahora o después de jugar.

Las investigaciones han demostrado que tenemos más propensión a comprar cuando tenemos menos opciones. Además, los investigadores también descubrieron que los clientes están más satisfechos con sus compras cuando se les da menos opciones. Esto se conoce como la “paradoja de la elección”.

La implicación-presuposición: Por ejemplo, ¿Quieres ir al cine esta noche o prefieres cenar fuera? Aquí, se da por hecho que la otra persona va a salir por la noche y solo tiene elección entre las dos opciones ofrecidas. Otro ejemplo podría ser, ¿Qué coche te gusta? en lugar de ¿Te gusta alguno de estos coches? En este caso, la pregunta presupone que al menos uno de los coches nos gusta para inducirnos a elegir alguno. Las sugerencias indirectas permiten crear una ilusión de elección.

El lenguaje metafórico: Esta técnica utiliza imágenes para transmitir un mensaje de manera indirecta. Las metáforas describen algo a través de su similitud con otra creando una imagen en la mente. Por ejemplo, en lugar de decir “Es un excelente vendedor” la metáfora diría “Podría venderle arena a un beduino” o dirá “Es un libro abierto” en lugar de “Es una persona transparente”.

Las metáforas son atajos que llevan nuestra mente a comprender y a asimilar los conceptos que se le están dando sin poder rechazarlos de pleno porque ellas hablan en el “idioma” del inconsciente, es decir, con imágenes.

Así, las metáforas se utilizan a menudo en política, por ejemplo, describiendo la inmigración como un “tsunami” para crear emociones que condicionan nuestras opiniones y nuestras decisiones. También vemos que los problemas de la economía son tratados como fenómenos climatológicos y se nos habla de “tormenta económica” para llevarnos a creer que es un problema fuera de nuestro control. En la misma línea se utilizan términos de salud, refiriéndose a ella como a una enferma que tiene “crisis” o hablando de su “cáncer” para llevarnos a creer que determinados líderes e ideólogos son capaces de curar los problemas económicos. Por su parte, la religión convierte el pan y el vino en “el cuerpo de Cristo” y la “sangre de Cristo” para escenificar su ritual de la comunión.

La publicidad, el marketing y la comunicación recurren sistemáticamente a las metáforas para transmitir sus mensaje en forma de eslóganes como “R.. B… te da aalas” o con imágenes como esta campaña contra el calentamiento global. Un envase de bebida con sabor a naranja mostrará la imagen de una rama de naranjo para sugerir la presencia de inexistentes naranjas y un envase de jamón mostrará el amable dibujo de un cerdito feliz para aplacar nuestras consciencias.

Además, comunicar una imagen de acción consigue llevarnos a tomar decisiones más rápidas. Esto ha sido confirmado recientemente por un estudio de la Universidad de Arizona: Las metáforas que contienen palabras de acción activan la región sensoriomotora del cerebro casi de inmediato (en 200 milisegundos).

Vemos y comprendemos que las metáforas son tremendamente eficaces a la hora de sugestionarnos y es bueno ser consciente de ello para aplicar criterios que nos lleven a poder decidir con mayor albedrío.

Afortunadamente, ahora sabemos muy bien cómo funcionan tanto el cerebro como la mente gracias a la neurociencia, la neuropsiquiatría y la psicología.

Auto sugestión y Creencias

La autosugestión está fuertemente basada en nuestras creencias y estas son a su vez resultado de la capacidad de ser sugestionada de nuestra mente.

De la psicología hemos aprendido que la mente piensa según su propia percepción a la que otorga un significado que cree objetivo cuando es subjetivo. La mente crea su propia realidad desde sus creencias y luego cree que esa es “la” realidad. Esto tiene consecuencias.

Pongo un ejemplo: Me cruzo con un colega que me mira, pero no me saluda. Puedo pensar que no sé por qué no me ha saludado y aceptar que puede haber varios motivos, por ejemplo, que no ve bien y no me ha reconocido o que está inmerso en sus pensamientos y que no me ha visto aunque me ha mirado, etc..

También puedo darme una explicación que no tengo y concluir, por ejemplo, que no me ha saludado porque no le caigo bien. Esa es la dinámica mental más habitual. No me ciño al hecho constatado (no me ha saludado), sino que lo interpretaré añadiendo un significado basado exclusivamente en una creencia (porque no le caigo bien).

Así, la próxima vez que nos encontremos, seguiré en mi creencia de que no le caigo bien y estaré probablemente a la defensiva. Esto condicionará mi actitud que revelaré con lenguaje no verbal. Mi colega descifrará inconscientemente que estoy a la defensiva y eso le condicionará en forma de malestar que le provocará rechazo o incluso agresividad. Naturalmente su reacción reforzará mi creencia. Y todo habrá ocurrido porque mi mente no se ha limitado a constatar el hecho, sino que ha recurrido a su creencia para afirmar la respuesta que desconoce.

Por eso, a la hora de vivir nuestra realidad en las condiciones más favorables, es fundamental entrenarnos a evaluar si lo que estamos interpretando obedece a un hecho constatable o a una creencia.

Hecho constatable: No me ha mirado.

¿Porqué?: “No se” (hecho constatable). “Porque no le caigo bien (creencia).

Con este ejercicio, podemos observar si estamos sometidos a una creencia que va condicionar una realidad que podrá favorecernos o perjudicarnos. Ser capaces de diferenciar entre hecho constatable y creencia nos permite soltarnos de los condicionamientos de la autosugestión.

Necesitamos conocer los mecanismos que utiliza la mente para poder compensar sus debilidades y reforzar sus habilidades. La alta capacidad de sugestión de nuestra mente de la que muchos se aprovechan para su beneficio es precisamente lo que permite ayudarla a funcionar adecuadamente y a resolver sus sufrimientos.

Así, la hipnosis ericksoniana se sirve precisamente de capacidad de sugestión de la mente y usa las metáforas para insuflar ideas y emociones que inspiran y promueven cambios significativos, por ejemplo, “Los grandes incendios nacen de las pequeñas chispas” para sugerir que los grandes cambios nacen de los pequeños actos.

Con afecto,

Sophie

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